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Pedro es un pesado. Por lo menos es así como lo percibe Lucía, que trabaja en el mismo despacho que él.

Lucía es entusiasta por naturaleza y se apunta a cualquier cosa.

ü  ¿Por qué no organizamos una comida entre todos los 12 del departamento? pregunta alguien.

ü  ¡Sí vale! Hagámoslo. comenta Lucía.

ü  Pero Pedro comenta inmediatamente:

ü  No irán todos. Irán solo los mismos de siempre.

ü  Pero qué negativo eres, Pedro, démonos una oportunidad.

ü  No soy negativo, sé lo que va a pasar.

ü  No sé por qué haces tantas historias, si al final vendrás encantado.

Jaime encuentra el despacho triste. Dice que falta ambiente.

ü  Pues ¿por qué no traemos cada uno algo bonito para adornar las paredes? Y luego entre todos compramos una cafetera, que las hay muy baratas, y preparamos el café en el despacho.

ü  ¡Anda ya! dice Pedro. Y ¿Tú crees que el jefe te dejará poner cualquier cosa en la pared?

ü  ¡Hombre! Si no se le preguntas, desde luego que nunca lo sabrás.

ü  Es que además la gente no tiene dinero para gastarlo en una cafetera para el despacho. Y ¿quién preparará el café, tu?

ü  Pero por qué no lo preguntamos a la gente.

ü  Porque no van a querer

ü  Y tu qué sabes. ¿Tú contribuirías?

ü  Yo sí. Pero todos no querrán.

ü  ¡Qué pesado eres!

Estas discusiones son típicas en el despacho. Lucía se ilusiona por todo, aunque a veces al final no hace nada, y Pedro le encuentra pegas a todo, aunque al final se apunta igual. Terminan de acuerdo y pensando lo mismo, por lo que los colegas les llaman pesados a los dos. Por discutir.

Pues cada uno de nuestros protagonistas aplica escrupulosa pero involuntariamente un metaprograma bien determinado llamado aproximación-evitación.

Lucia funciona en Aproximación. Considera primero las ventajas de una nueva situación, se entusiasma y moviliza su energía hacia la acción.

Por el contrario Pedro funciona en Evitación. Se fija primero en los inconvenientes, en los aspectos negativos, en los problemas que plantean las nuevas ideas.

Hay que tomar muy en cuenta que la postura evitación no es necesariamente una posición de rechazo. Si bien es cierto que considerar los inconvenientes puede limitar o impedir la acción, también puede desembocar en un modo de planificarla, evitando los tropiezos para llegar mejor a la meta.

De hecho, aproximación y evitación son una reacción inmediata y espontánea a una iniciativa ajena. Al final, es posible que la persona que funciona en evitación termine realizando los proyectos que entusiasmaron al "aproximación" pero que este no supo llevar a cabo. Y queda muy posible que una persona que funciona habitualmente en evitación muestre entusiasmo en la presentación de sus propios proyectos.

Como siempre en materia de comunicación con la PNL, debemos intentar calibrar nuestro interlocutor (determinar sus metaprogramas) y adaptarnos a él.

Si nuestro interlocutor funciona con el metaprograma de aproximación, enseñémosle las ventajas de nuestra propuesta y transmitámosle entusiasmo. Pero si funciona con el metaprograma evitación, hablar de las ventajas no lo motivará de momento. En este caso, hagámonos el abogado del diablo de nuestra propia proposición.

Por ejemplo Lucía podría decir:

ü  He tenido una idea que creo interesante pero le encuentro varias trabas. Se trata de comprar entre todos una cafetera para el despacho pero claro, es probable que varios no quieran cotizar y luego a ver quién preparará el café.

Curiosamente, este tipo de presentación es más propicio a que Pedro sea más receptivo a la idea, porque después de un tiempo de reflexión, todos pasan a considerar el Metaprograma complementario. Pero si nos empecinamos a tomarlo a contrapelo, lo bloquearemos y no avanzará.

Observad a vuestro alrededor y pensad en vuestros amigos o colegas ¿Sois capaces de reconocer a una aproximador y a un evitador?

Tag(s) : #PNL

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